Cultivo de colémbolos para la alimentación de alevines (incluye vídeo).

En este vídeo realizado con objetivo macro, se muestran cultivos de colémbolos que se usarán para alimentar alevines de Nanostomus marginatus.

¿Qué son los colémobolos?

Los colémbolos son unos diminutos artrópodos de seis patas (como los insectos). Poseen un apéndice retráctil llamado fúrcula que les permite saltar (lo usan en contadas ocasiones, por ejemplo para huir de algún depredador).

No tienen alas y podrían ser considerados como insectos primitivos, aunque no existe consenso científico sobre si deben considerarse dentro de la clase insectos o no. En realidad, sobre lo que no existe consenso es sobre la clasificación de los hexápodos ya que aparte de los colémbolos hay otros hexápodos como los proturos  y los dipluros (con cierto parecido a los colémbolos) sobre los cuales tampoco se ha decidido si incluirlos en la clase insectos. Son artrópodos que no sufren la metamorfosis típica de muchos insectos. Ponen huevos y nacen de ellos ya con su forma definitiva.

A pesar de que pasan desapercibidos por vivir en el humus, son, probablemente, los animales más numerosos de la tierra ya que se estima que hay unos 62.000 individuos por m2. Se conocen casi 7.900 especies y se consideran uno de los animales terrestres más antíguos (unos 400 millones de años).

Se alimentan de hongos, esporas y bacterias propios de los ambientes de las tierras ricas en humus, donde la materia orgánica proviene principalmente de la descomposición de la materia vegetal muerta. Actúan acelerando la descomposición de los restos vegetales y una presencia moderada de colémbolos es una muy buena señal sobre las condiciones de fertilidad del suelo.

El mejor sitio para recolectar colémbolos es en los suelos húmedos de los bosques de hoja caduca ricos en humus y cubiertos por hojas en descomposición.

Al alimentarse de hongos, los colénbolos sanean las raíces de las plantas afectadas por estos. Tienen pequeñas mandíbulas para trocear los restos orgánicos vegetales facilitando así su posterior descomposición.

Cultivo de colémbolos:

Prepara un cacharrito de plástico con cierre hermético (un tupper) y practica en la tapa un agujerito. Por ejemplo puedes perforarlo usando con un alfiler fino calentado en una llama. No conviene que el agujero sea grande para que su contenido conserve bien la humedad. No intentarán escapar por él.

Pon en el interior del tupper un centímetro de fibra de coco previamente hidratada. Sirve la que venden para horticultura pero que no venga tratada con insecticidas. Esta fibra de coco se vende seca y prensada en forma de ladrillos muy compactos que al hidratarse resulta muy parecida a la turba que también podría valer. Habrá que humedécerla bien sin encharcarla, yo la suelo hervir metiéndola previamente en un saquito de tela con holgura para que crezca (se hincha mucho al hidratarse).

Basta con poner algo más de un centímetro en el tupper. Pon encima de este sustrato cortezas de pino que habrás tenido sumergidas un par de días dentro de un bote con agua del acuario para hidratarlas perfectamente.

Conviene ir controlando la humedad con regularidad. No dividas tu cultivo si tienes poca cantidad, porque una buena cantidad de ellos ayuda a estabilizar el cultivo frente al ataque de otros organismos como por ejemplo los ácaros.

Cualquier resto vegetal susceptible de descomposición podría valer como alimento para los colémbolos con el paso del tiempo. Hay quien usa distintas clases de harinas, levadura de cerveza, peladura de patata, maicena, pan rallado, pienso para peces, etc.

Yo empecé alimentándoles con el sobrante de mis cultivos de microgusanos de la avena. Nunca uso ni fruta ni peladuras de patatas ni verduras ni ninguna otra cosa que pueda contener el menor resto de insecticida. Estoy usando las raicillas de una planta flotante criada en mi acuario. Concretamente raices de Limnobium laevigatum. Tienen la ventaja de que se descomponen lentamente y no forman exceso de moho como las harinas. La cantidad de colémbolos que consiguo de esta forma está siendo bastante buena. En realidad, los colémbolos son de buen conformar. Para mayor seguridad conviene compaginar un mínimo de tres cultivos.

Ten muy en cuenta que los colémbolos pondrán los huevos debajo de las corteza de pino. Yo te aconsejo que cubras casi toda la superficie del substrado por pequeñas cortezas de pino. Con ello tendrás un cultivo más intenso y reducirás la evaporación. Cuando des la vuelta a una corteza la verás generalmente llena de colémobolos. Señal de que el cultivo está tirando bien. Deja siempre la corteza  en la misma posición para no estropear la puesta que necesita mucha humedad. En el vídeo puedes ver el tamaño que deben de tener los trozos de corteza para que resulten manejables.

Distribución de los colémbolos a los alevines.

Debes partir del cultivo más prolífico que tengas. Toma una de las cortezas y situándola en la vertical del acuario y das unos golpecitos, hazlo tal y como se ve en el vídeo. Caerán unos cuantos en la superficie del agua. Los colémbolos no tienen tendencia a escapar porque suelen buscar refugiarse en el subsuelo y por ello no ascienden mucho por las paredes del tupper ni tampoco del acuario. Además huyen de la luz. Se les ve a la luz cuando hay demasiados y se ven obligados a expandirse, pero no les gusta separarse mucho del húmedo suelo. En el acuario también intentan huir de la luz intensa y al hacerlo caminan por el agua exponiéndose a ser devorados. El entusiasmo de los alevines por ellos es digno de verse.

 

 

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¿Cómo cultivar microgusanos de la avena?

Los microgusanos de la avena  (Panagrellus redivivus) son gusanos nematodos. Por su tamaño (inferior a 1.5 mm) y por su alto contenido en proteinas son un alimento ideal para aquellos alevines que aún no tienen el tamaño adecuado para alimentarse con artemia salina recién eclosionada.

Los infusorios son una buena alternativa al microgusano, pero solo durante unos pocos días ya que su pequeño tamaño hará necesario cambiar a otro tipo de alimento y los alevines podrían no estar suficientemente desarrollados como para comer artemia. Es aquí donde el microgusano permite alimentarlos durante ese periodo especialmente crítico para los alevines.

Como alimento previo a la artemia, yo he usado anteriormente la alimentación con papillas de harinas ricas en proteinas, yema de huevo cocido, etc., con una supervivencia aproximada del 65%. Una alimentación correcta con microgusanos me ha permitido supervivencias muy superiores cercanas al 95% y con muchísimo menos trabajo. Las papillas tienen el inconveniente de que no son demasiado nutritivas y ensucian mucho el agua obligando a cambios de agua diarios. Llevo muchos años criando peces de forma ocasional, y el microgusano de la avena ha sido un descubrimiento reciente que me ha sorprendido muy gratamente.

En el vídeo os muestro como se hace el cultivo del microgusano de la avena, pero necesitaréis que alguien os proporcione una pequeña muestra para la siembra inicial.

El cultivo del microgusano de la avena es muy sencillo, cómodo y apenas presenta complicaciones. El microgusano aguanta vivo en el agua del tanque de cría unas 8 horas o más haciendo innecesario los aportes nutritivos regulares a lo largo del día. Para controlar una acumulación de restos orgánicos es conveniente incluir en el acuario de cría algunos caracolitos Cuerno de Carnero (Planorbis corneus).

El acuario de cría debe ser pequeño y el fondo debe de estar sin arena para que no se entierren los microgusanos. Tampoco conviene usar filtro. Bastará con hacer cambios de agua cada cinco días (o antes si el agua no está demasiado limpia). Los cambios de agua siempre deben hacerse de forma lenta y con agua reposada y a la misma temperatura. Yo hago cambios del 50% o más tomando el agua de un acuario grande. ¡Ojo! puede que no todas las especies soporten los cambios de agua cuando son alevines. Mi experiencia no es muy extensa con este sistema.

Necesitarás que algún aficionado te pase una pequeña muestra inicial para realizar la primera siembra. Esta se hace vertiendo algunas gotas de la papilla que hará de semilla y habrá que vertirla sobre un recipiente con la papilla de avena. Esta se prepara, según se indica en el vídeo, con harina de avena y agua mezcladas en una proporción tal que su pastosidad nos recuerde a la de la miel.

No es necesario añadir levadura ni spirulina para acelerar el cultivo, ya que este tambien decaería a mayor velocidad, y tampoco hace falta cocer la harina.

Usando únicamente harina de avena cruda se obtendrán microgusanos con la composición adecuada de aminoácidos y de ácidos grasos para servir como alimento completo y de excelente calidad para la cría de los alevines hasta que estos tengan un tamaño aproximado de un centímetro de longitud y sean capaces de aceptar artemia recien eclosionada o incluso algo de pienso de peces en polvo.

Para recogerlos se usará un pincelito de los de pintura a la acuarela (preferiblemente plano) y se barrerá con él las paredes del recipiente cuando los gusanos hayan trepado por las mismas. Esto no ocurre siempre pero manteniendo cuatro o cinco pequeños cultivos en rotación e iniciando uno nuevo cada cinco días, alguno de ellos te ofrecerá abundancia de microgusanos trepadores coincidiendo con la etapa de máxima productividad del cultivo. Este  empezará a decaer gradualmente unos pocos días más tarde. En mi caso tengo la máxima productividad a los diez días, y producen gusanos trepadores durante una semana y por eso voy rotando cada cinco días los cultivos. Estos suelen aguantar más de un mes, pero no los apuro tanto.

La siembra de los sucesivos cultivos debe hacerse siempre tomando el cultivo más reciente de entre los que tengan gusanos trepadores, ya que en los cultivos más viejos podría aparecer con mayor probabilidad algún tipo de problema, aunque eso no es algo frecuente. Este es un cultivo sin complicaciones.

Si tuvieras que dar de comer a tus alevines y no tuvieras ningún cultivo con microgusanos subiendo por las paredes, puedes usar un par de tarros estrechos y altos para lavar papilla de microgusanos. Eso se hace con agua reposada o agua de acuario. Se llena el tarro, se echa un poco de papilla, se remueve y se deja reposar tres minutos. Los microgusanos se van al fondo así que eliminando cuidadosamente el agua turbia de la parte superior del tarro, que contendrá la harina en suspensión, nos quedaremos con un sedimento de microgusanos en el fondo. La operación debe repetirse una o dos veces más para conseguir eliminar la mayor parte de la harina de avena que enturbiaría el acuario de cría e incluso podría crear fermentación.

Lo ideal es no tener que recurrir al procedimiento anterior porque resulta más engorroso. Es mejor tener un número de cuatro o cinco recipientes pequeñitos en rotación bien controlada etiquetando en ellos la fecha de siembra. Sería raro que ninguno de ellos ofreciera microgusanos subiendo por las paredes.

 

 

 

 

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